

Insidious
No es la casa la que está embrujada.
Cuando su hijo cae en un coma inexplicable, Josh y Renai Lambert descubren que no ha caído en el sueño, sino que se ha perdido en el Más Allá, un reino astral poblado de entidades maléficas. Para traerlo de vuelta, deben enfrentarse a las criaturas que lo mantienen cautivo y exorcizar las fuerzas sobrenaturales que acechan su hogar. Un descenso vertiginoso hacia los espacios entre mundos comienza.
Un presupuesto de 1,5 millones de dólares, cerca de 100 millones en taquilla mundial: la película más rentable de 2011, Insidious firma el regreso de James Wan entre Saw y Expediente Warren y fija un modelo de terror sobrenatural PG-13 — proyección astral, el Más Allá, espacios domésticos contaminados — que marcará toda la década de 2010. Más que el primer capítulo de una franquicia, es su patrón de medida: la referencia contra la cual se evaluará cada entrega posterior, tanto por el público como por la distribución. Matar a Elise en la última escena parecía cerrar una puerta; en realidad planteaba la pregunta que las cuatro películas siguientes responderían: ¿cómo sobrevive una franquicia a la pérdida de su ancla?











